Consejos
Estudio comprueba la eficacia de comer usando la intuición

Tendencias, La Tercera 20-01-2006. Por la periodista Débora Gutiérrez.
Según Steven Hawks, autor de la investigación, si la persona aprende a reconocer y respetar las señales del hambre y la saciedad, podrá controlar su peso. Después de revisar los hábitos alimentarios y realizar exámenes a un grupo de estudiantes que usaban este método, el experto descubrió que ellos presentaban bajos niveles de colesterol y tenían menor índice de masa corporal.

¿Alguna vez imaginó poder bajar de peso comiendo todo lo que quiera, sin alimentos prohibidos e incluso sin hacer una dieta?
Este aparente método de alimentación "milagroso" realmente existe y es conocido como el comer intuitivo. Entre otras cosas, permite alimentarse con todo tipo de productos desde un manzana hasta un calórico helado, pero exige aprender a detectar las sensaciones de hambre y saciedad.

El profesor de Ciencias de la Salud de la Universidad de Brigham Young, en Estados Unidos, Steven Hawks, además de probar el método consigo mismo, realizó un estudio donde comprueba la eficacia del comer intuitivo para perder peso sanamente.
El experto identificó a un grupo de estudiantes que naturalmente eran comedores intuitivos y los comparó con otros chicos que no lo eran. Después de someterlos a varios exámenes para detectar cuán saludables eran, descubrió que los primeros tenían un mejor índice de masa corporal, bajos niveles de triglicéridos, aumento del colesterol bueno y presentaban riesgo cardiovascular disminuido.

Método saludable
"Los hallazgos proveen un fuerte respaldo al comer intuitivo como método posible de manejo saludable del peso", dice el doctor Hawks, quién asegura que logró bajar 25 kilos y mantenerlo durante más de cinco años.
El experto considera que no existen alimentos tabúes e, incluso, que las dietas sólo dañan a quienes se someten a ellas. La presencia de golosinas u otros alimentos calóricos en casa, ejemplifica Hawks, ayuda a perder el deseo de darse un atracón con ellos y no así las dietas restrictivas, que obsesionaban a las personas con las calorías.
La premisa del comer intuitivo es saber cuándo el cuerpo desea comer y cuándo debe parar de hacerlo. "Principio presente en los niños hasta los seis años cuando adquieren los hábitos de vida, entre ellos, los alimentarios. Ellos desde que nacen saben cuándo quieren mamar y cuándo ya están saciados", asegura Mónica Jiménez, nutricionista y académica de la Universidad Andrés Bello.

Niños intuitivos
La especialista señala que existen estudios que han demostrado que cuando a los niños se les deja optar por la comida, ellos intuitivamente escogen alimentos saludables. Sin embargo en un adulto es muy difícil recuperar esta forma de autorregularse y distinguir entre el hambre que siente el cuerpo y la motivada por estados de ánimo, eventos sociales u hormonales.
"Medidas nutricionales como el comer intuitivo requieren ser utilizadas por personas sanas, tanto física como mentalmente. Si una persona es obesa mórbida es difícil, por ejemplo, que logre controlar la sensación de hambre por sí sola", advierte Mónica Jiménez.

Evitando la ignorancia nutricional
Comer intuitivamente no llama a alimentarse de manera poco saludable o, como indica Steven Hawks, a la ignorancia nutricional. Por el contrario, insta a reconocer las necesidades del organismo y optar por alimentos que nutran el cuerpo. Según el experto, restringir las comidas contribuye a aumentar la ansiedad por ellas y conduce a desórdenes alimentarios.
Según la nutricionista Mónica Jiménez, para hacer factible una forma sana de interpretar este método, se necesita el registro de al menos una semana de la alimentación: qué se come, a qué hora y por qué se hace.
"Luego, seguir un sistema de nutrición que dice que cada cuatro horas debes ingresar nutrientes al organismo, porque a la quinta hora ya es ayuno".

Los principios que sustentan el nuevo sistema
Para ser un comedor intuitivo y lograr el peso deseado, de acuerdo con el profesor Steven Hawks, hay que tener estas actitudes y comportamientos:

ACEPTE SU CUERPO: Antes de iniciar el camino del comer intuitivo, Hawks advierte que se necesita tener una actitud positiva hacia el propio cuerpo, de aceptarlo tal cual es y no mantener una relación de lucha contra él. "Es vital darse cuenta de que la riqueza personal no está en función del tamaño del cuerpo", dice el profesor. La mayoría de la gente, agrega el experto, quiere ser capaz de controlar el cuerpo y forzarlo a mantenerse delgado. El comer intuitivo, en cambio, propone aprender a escucharlo.
NUNCA HACER DIETA: Este método para bajar de peso no acepta dietas, ya que las considera dañinas y que no conducen a los resultados esperados por quienes se someten a ellas: "Yo estimulo una antidieta, que no considera válido la ingesta de alimentos basados en un plan restrictivo, ni que existen malas o buenas comidas, ni contar calorías".
COMER SALUDABLEMENTE: Una conducta muy necesaria para alimentarse utilizando la intuición es aprender a no comer por razones emocionales, ambientales y sociales. En general la cultura occidental contempla el uso de alimento para diferentes ritos familiares, entre ellos celebrar. Pero también a nivel personal, la mayoría de la gente come por tristeza, cuando se siente solo o porque está estresada. La idea es reconocer esta relación poco sana con los alimentos y aprender a manejarlas.
LAS SEÑALES DEL CUERPO: Antojos, hambre y saciedad deberían ser reconocibles por quienes adoptan comer por intuición. Aunque es una tarea difícil, reconoce Hawks, se aprende usando una escala de 10 puntos. Donde, por ejemplo, el 10 es comer hasta enfermar y 1 morir de hambre. El comedor intuitivo se mantiene en el punto 5. "Hay que parar de comer cuando se está satisfecho, incluso si queda de su comida favorita en su plato", asegura el especialista.

Otros consejos que pueden ser útiles aparecen en el artículo ¿Cómo puedo adelgazar sin riesgos? Actualizado y revisado por: Barbara P. Homeier, MD en diciembre de 2004. Y dice así:
La pérdida de peso es un tema delicado. Muchas personas no están contentas con su peso, pero la mayoría no están seguras de qué hacer para cambiarlo; y muchas estarían mejor si no hiciesen nada. Puede que quieras pesar menos o más o incluso parecerte a otra persona, pero objetivos como ésos pueden no ser sanos o realistas. Quizás veas las revistas, los anuncios y la televisión y desees parecerte a las modelos o actores, pero lo único que conseguirás es desilusionarte. Ninguna dieta o pastilla mágica hará que te parezcas a alguien que no estabas destinado a ser.

Entonces, ¿qué deberías hacer para controlar tu peso?
Estar sano significa tener el peso adecuado para ti. Para averiguar si tu peso es saludable o si necesitas adelgazar o engordar lo mejor es consultarlo con un médico o un dietista. Ellos pueden comparar tu peso con las pautas saludables y ayudarte a fijar metas realistas. Si resulta que adelgazar te beneficiaría, puedes empezar siguiendo algunas de las sencillas recomendaciones que enumeramos a continuación.

El control de peso se consigue a largo plazo. La gente que pierde peso de forma rápida mediante dietas de choque u otras medidas extremas suelen recuperar todas (y, a menudo, más) las libras que perdieron puesto que no cambiaron sus hábitos permanentemente. Por lo tanto, el mejor plan para controlar el peso es aquél que puedes mantener de por vida. ¡Eso es mucho tiempo, así que intentaremos que estas recomendaciones sean lo más sencillas posible!

Conviértelo en un asunto familiar. Pide ayuda y apoyo a tus padres y, si es posible, que hagan cambios en la dieta o el estilo de vida que puedan beneficiar a toda la familia. Los adolescentes que cuentan con el apoyo familiar tienden a obtener mejores resultados con los programas de control de peso. Pero, recuerda: debéis hacerlo de forma cordial; ¡convertir la pérdida de peso en una competición es buscarse problemas!

Vigila lo que bebes. Es increíble la cantidad de calorías extra que pueden contener las sodas, los jugos y otras bebidas que tomas a diario. Con solo prescindir de un par de latas de soda o cambiarte a la soda light, puedes ahorrarte 360 calorías o más al día. Bebe mucha agua u otras bebidas sin azúcar para saciar la sed y evita los jugos y las sodas azucaradas. También es buena idea cambiar de la leche entera a la descremada o semidescremada.

Muévete. Puede que descubras que no necesitas renunciar a las calorías tanto como necesitas levantar el trasero. Y no te pongas a pensar que tienes que practicar un deporte de equipo o tomar clasees de entrenamiento aerobico. Prueba varias actividades, desde senderismo hasta ciclismo o remo, hasta que encuentres las que te gustan. ¿No eres deportista? Busca otras maneras de hacer ejercicio: ve a la escuela caminado, sube y baja las escaleras un par de veces antes de ducharte por las mañanas, apaga la tele y ayuda a tus padres en el jardín o date un paseo hasta la casa del chico o chica que te gusta; lo que sea, con tal de que te muevas. Tu objetivo debería ser hacer ejercicio aeróbico unos 30-60 minutos de tres a cinco veces por semana, pero está bien si empiezas dando unas cuantas vueltas a la manzana antes de acostarte. ¡Esto también puede ayudar a evitar que te conviertas en un adicto a la televisión, los videojuegos o Internet!

Empieza por las cosas pequeñas. Es más fácil ser perseverante con los cambios pequeños que con los drásticos. Intenta reducir el tamaño de las porciones que comes y no tomes soda durante una semana. Una vez conseguido eso, empieza a introducir en tu vida alimentos más sanos y ejercicio.

Deja de comer cuando estés lleno. Muchas personas comen por costumbre cuando están aburridas, solas o estresadas o siguen comiendo un rato después de sentirse llenas. Trata de prestar atención cuando comes y deja de comer cuando estés lleno. Comer más despacio ayuda porque el cerebro tarda 20 minutos en darse cuenta de qué cantidad de comida hay en el estómago. A veces, hacer una pausa antes de repetir puede evitar que comas otra ración. Evita comer cuando estés enojado o aburrido; intenta hacer otra cosa (un paseo alrededor de la manzana o ir al gimnasio son buenas alternativas). Mucha gente cree que es útil escribir un diario de lo que comen y cuándo. Revisar el diario más tarde puede ayudarles a identificar las emociones que sienten cuando comen demasiado o si tienen costumbres poco saludables. Un dietista titulado puede darte algunos consejos prácticos sobre cómo hacerlo.

Come menos más a menudo. Mucha gente se ha dado cuenta de que comer un par de snacks a lo largo del día les ayuda a elegir comidas más saludables. Mete un par de snacks saludables (zanahorias, una barra de granola baja en calorías o una pieza de fruta) en la mochila para que te los puedas tomar durante el día. Añadir snacks saludables a las tres comidas principales y comer porciones más pequeñas puede ayudarte a eliminar calorías sin privarte de nada.

¡Desecha la comida rápida y empieza con las frutas y las verduras! Cinco porciones de frutas y verduras no solo son una buena idea para ayudarte a adelgazar, también te ayudarán a mantener sano el corazón y todo el cuerpo. Otras sugerencias para comer bien: sustituye el pan blanco por el integral, cambia las sodas azucaradas por agua y varios vasos de leche semidescremada y asegúrate de desayunar sano. ¡Tomar cereales y leche bajos en calorías y una pieza de fruta es una mucho mejor idea que no desayunar o tragarse un donut mientras corres hasta la parada del autobús! Un dietista titulado puede darte muchas más ideas sobre snacks y menús.

Evita las dietas pasajeras o las comidas envasadas. Si estuviéramos destinados a comer alimentos enlatados, crecerían en los árboles. Nunca es buena idea cambiar comidas por batidos o eliminar un grupo particular de alimento para adelgazar; todos necesitamos comer un alimentos variados para mantenernos sanos. Evita las dietas pasajeras porque todavía estás creciendo y necesitas asegurarte de que recibes los nutrientes adecuados. Evita las pastillas dietéticas (incluso las que se venden sin receta médica o las naturales). Pueden ser peligrosas para tu salud; además, no hay pruebas de que mantener ayuden a el peso bajo en el largo plazo.

No prescindas de determinados alimentos. No te digas que no volverás a comerte tu helado favorito de chocolate y mantequilla de cacahuate o una bolsa de papas fritas de la máquina expendedora de la escuela. Prohibirte estas comidas hará que las desees incluso más. Además, para estar sano necesitas algo de grasa en tu dieta, así que renunciar siempre a todas las comidas grasas tampoco es una buena idea. La clave del éxito a largo plazo es elegir alimentos sanos la mayor parte del tiempo. Si quieres un pedazo de pastel en una fiesta, ¡cómetelo! Pero, más tarde, para compensar, mordisquea zanahorias en lugar de papas fritas.

Perdónate. ¿Ibas a comerte otra galleta con queso? Mejor bebe un poco de agua, lávate los dientes y a otra cosa. Todo el mundo que ha intentado adelgazar alguna vez sabe que es un reto. Cuando metes la pata, lo mejor es seguir por el buen camino y no mirar atrás. Evita decirte a ti mismo que volverás a empezar mañana o la semana que viene o el año que viene. Empieza ahora mismo.

Trata de recordar que adelgazar no hará que seas mejor persona; y no cambiará tu vida por arte de magia. Es buena idea mantener un peso saludable porque solo es eso: saludable.

Otro consejo alude a lo fundamental, el afecto, y el tema es tratado magistralmente en el artículo

"Para bajar de peso es clave el apoyo afectivo" de Carmen Rodríguez F. Aparecido el Domingo 23 de abril de 2006 en el diario El Mercurio.

La obesidad fue declarada una enfermedad crónica por la OMS recién en 1996. Antes se la veía como un problema estético y ahora, como una epidemia global.
Muchas personas pasan la vida entera haciendo dieta sin lograr reducir sus kilos. Y es porque no atacan las razones de fondo que las han llevado a comer en exceso: soledad y desamor.

A los 20 años, Valeria fue candidata a un concurso de belleza. Alta y espigada, nunca pensó que 10 años después tendría un sobrepeso de más de 30 kilos. "Fue producto de una crisis emocional, cuando me cansé de tantas exigencias, de tener que estar siempre regia y ser exitosa en todo. Empecé a soltar cosas, a rebelarme... Y a subir de peso".

En los últimos 10 años, Valeria acudió al médico varias veces para hacer dietas que no dieron resultado. Y así llegó a pesar 112 kilos. Por primera vez, en el último año ha logrado bajar 15 kilos. La diferencia con las anteriores dietas es que ahora no lo está intentando sola, sino con una amiga. Fueron juntas al médico, van juntas al supermercado, intercambian recetas de ensaladas y cada vez que una tiene una tentación, en vez de comer, llama por teléfono a la otra.

Otro caso es el de Marisa (ver testimonio). Tiene 33 años, pesa 104 kilos, repartidos en algo más de 1,60 mt, y hace dieta desde los 11 años. Por primera vez ha pedido ayuda profesional para adelgazar y, desde que acude a un médico y a una psicóloga, tiene otra mirada de su problema.

En estos casos, el atreverse a pedir apoyo y contención emocional está haciendo la diferencia en la lucha contra los kilos.
La obesidad es una enfermedad crónica multifactorial, que debe ser tratada en forma interdisciplinaria, según lo estableció la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1996.

Reciente estudio
"Cada vez más los programas de obesidad están incluyendo el factor psicológico. El éxito de un tratamiento radica en que la persona esté motivada al cambio y esté dispuesta a dejar la protección que le dan los kilos", explica Mariely Said, psicóloga especialista en psicoterapia.

Diversos estudios han mostrado que los tratamientos integrales son los más efectivos para bajar de peso. Uno de los más recientes es el del norteamericano Thomas Wadden, quien siguió a cuatro grupos de pacientes durante un año.

Los que recibieron un tratamiento multidisciplinario -psicoterapia, atención médica del nutriólogo, fármacos, dieta y ejercicios- fueron los que más bajaron: 12 kilos en promedio. Los que adelgazaron menos fueron los que recibieron sólo medicamentos (6 kilos) y los que tuvieron sólo psicoterapia (7 kilos).

Si bien esta es una enfermedad multifactorial, el componente emocional es clave, dicen los especialistas. Y estará presente en su origen o se manifestará después cuando la persona vea afectada su autoestima a causa del sobrepeso.

Se derriba un mito
Todo parte con la fuerte asociación entre afecto y nutrición que se da en el pecho materno. "No se puede separar la comida del amor, porque vienen juntos desde el nacimiento", dice Mariely Said. Para ejemplificar, la psicóloga recuerda a Lady Diana en una última entrevista, explicando qué sentía al comer compulsivamente en sus ataques de bulimia: "Era como si grandes brazos me abrazaran".

Muchas personas se refugian en la comida, desde que son niños o adolescentes, frente a padres exigentes o ante la falta de cariño y de contención emocional. El mito del gordo feliz y gozador está en el suelo desde que se empezó a indagar científicamente en esta patología.

Un reciente estudio de la Universidad de Tufts (Boston) mostró que las mujeres que sufrían cuadros depresivos y ansiosos desde su adolescencia tenían un mayor índice de masa corporal que el promedio. Ejemplo: si una mujer tuvo un diagnóstico de depresión a los 14 años, a los 30 pesaba entre 5 y 8 kilos más que una mujer que no se deprimió cuando adolescente.

"Una persona obesa no come por hambre. Suele hacerlo en respuesta a la soledad, a la tristeza, al abandono, a la incapacidad de enfrentar alguna situación. Por eso, no basta con empezar una buena dieta. Primero hay que conocerse a uno mismo y saber qué razones te están llevando a comer", dice Mariely Said.

María Eugenia Andrés, quien hace dieta junto a su amiga Valeria, tiene muy claro por qué en dos años subió 45 kilos: "Fue un momento difícil de mi vida, cuando estaba decidiendo mi separación (matrimonial). Empecé a comer en forma desproporcionada, porque no encontraba otra forma de compensarme". Mantuvo esos 45 kilos de más durante 10 años. Hasta que se sintió fuerte para cambiar. Lo hizo un 23 de diciembre y pasó las fiestas de fin de año sin probar el alcohol ni el azúcar.

Así se ha mantenido hasta ahora. Con su amiga Valeria han desarrollado varias estrategias: "Vamos juntas a las fiestas y llegamos más tarde, cuando ya se ha acabado la comida". O se preparan bocadillos de quesillo o jamón de pavo y los comen antes de ir a una reunión social para no tentarse con lo que no pueden probar. Pero también tienen sus caídas. "Entonces nos llamamos por teléfono y nos confesamos nuestros pecados", cuenta riendo María Eugenia.

"Es muy distinto poder contárselo a una persona que tú sabes que te va a entender a hacerlo con alguien flaco que te va a retar mientras se come un enorme plato frente a tus narices", agrega Valeria.